El arquitecto y la sociedad

“Y, por último, el proyectista, como todo artista -porque arte es esencialmente esta técnica- necesita ser comprendido por la sociedad que le envuelve; al menos por la profesional que más directamente le rodea; pero, a ser posible, por el más amplio círculo de la sociedad entera; de eso que se llama el público y que no es sólo el anónimo y vulgar, sino también el propietario, el usuario, el banquero, los directivos de las organizaciones públicas, el crítico, no sólo de arte sino también de técnica, etc., etc., porque nunca se ha desenvuelto un gran arte en un pueblo insuficientemente cultivado para apreciarlo.

La prisa de la nueva vida actual, y el impresionante desarrollo de sus técnicas, han alejado nuestra sociedad de aquel entusiasta asentimiento con que, en otras épocas -clásica, gótica o renacentista-, el pueblo todo y, en particular, sus minorías selectas se interesaban y se deleitaban, no sólo con el aspecto de sus grandes construcciones, sino con los problemas que en ellas se encerraban y sus maestros habían resuelto.”

– Eduardo Torroja, Ingeniero
Razón y Ser de los tipos estructurales (1957)


Foto: Eduardo Torroja – Hipódromo de la Zarzuela (Madrid, 1935)
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